C´est ma Vie, Cultura y Arte

Una Mexicana en Cuba | ¿Porque Cuba?

de Daniela Olivera Salgado
Academia de Artes y Cultura Stay With Me

Capitulo 1.

¿Por qué Cuba?

       Mi fascinación por Cuba nació cuando tenía 18 años. Cursaba el último grado de preparatoria cuando Miss Sue, una mujer brillante y orgullosamente mi maestra de Historia y Ciencias Políticas, nos contó la increíble historia de un grupo de cubanos y un argentino que zarparon de Veracruz en el yate Granma, para luego tomar el poder de un país entero.  Me pareció una especie de historieta de superhéroes con súper poderes. ¿Cómo hicieron para poder acabar con el dominio del país más poderoso del mundo sobre la isla con tan pocos recursos? ¿Qué ideales los impulsaron a establecer un sistema político, económico y social tan diferente al que prevalece en el resto del mundo? Estas preguntas son sólo algunos ejemplos de las dudas que yo tenía con respecto a la Revolución Cubana. Unos meses antes de la graduación Miss Sue nos asignó un trabajo de investigación como proyecto final. Debíamos escoger un tema de los que habíamos abordado en clase durante el año. ¡Claro está que yo elegí la Revolución Cubana!

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     La verdad no recuerdo muchos detalles sobre mi investigación. Sólo recuerdo que leí alrededor de 3 diferentes libros (los capítulos que hablaban de Cuba) y algunos artículos que encontré en el incipiente Internet de aquella época (2002). Leí maravillas del socialismo cubano, de su sistema de salud y su sistema educativo. Me convencí de que Fidel Castro era un héroe. Además, pocos meses antes había leído el Manifiesto Comunista y su contenido seguía haciendo eco en mi cabeza. Creía que en aquella isla finalmente se habían podido consolidar las más grandes ideas de Karl Marx. Entonces, era inevitable que se despertara en mí una curiosidad y un interés tan grande por todo lo que tenía que ver con Cuba.

     Fuera de mi humilde investigación y conclusión sobre Cuba, su historia y su régimen, no sabía mucho más sobre el país. Sabía lo que casi todo el mundo sabe. Había escuchado de la proliferación de la prostitución, de las necesidades de la gente, de la escasez de productos básicos, de los moros con cristianos, los balseros y los mojitos.

     Mis padres y algunos conocidos ya habían viajado a la isla. Recuerdo que cuando mi papá fue allá de viaje con unos amigos mi mamá se enojó y decía que «seguro andaban con unas putas divirtiéndose». No recuerdo si ya estaban divorciados para entonces, tal vez no.

     También recuerdo el viaje de mi madre a Cuba; y ese lo recuerdo con más detalles todavía. Yo tenía unos diez años cuando ella se fue a la isla acompañada por una de sus primas. Mis papás se acababan de divorciar y yo tenía tremenda mamitis. ¡Cómo sufrí cuando mi mamá andaba por allá! Si hoy comunicarse a la isla es difícil, hace 20 años la cosa estaba peor. Me acuerdo que no supimos nada de ella por dos o tres días. No sabíamos si habían llegado bien, no sabíamos si estaban bien, no sabíamos nada. Creo que nunca nos pudimos comunicar al hotel o, ¿ella nunca estaba? No lo sé, el caso es que yo lloraba todos los días y pensaba que mi mamá ya no regresaría de aquel lugar lejano y exótico.

     Mis hermanos y yo estábamos a cargo de mi abuela durante esos días y me acuerdo que yo hasta me ponía a rezar con ella para pedirle a la virgen María que mi mamá diera señales de vida. Luego de algunos días finalmente llamó para avisarnos que estaba bien y que ya no se podría comunicar más, pero que no nos preocupáramos, que pronto estaría de regreso. Obviamente corrí al altar de la virgen para darle gracias por la llamada tan esperada de mi madre.

     Cuando regresó, mi mamá me contó barbaridades y cosas muy tristes de las experiencias que vivió en Cuba. Me dijo que se había llevado a su viaje mucha ropa usada mía y que allá se la había regalado a una niña de mi edad. Me contó que mi tía y ella habían conocido a esa niña en la calle y la llevaron al hotel donde se hospedaban. Ahí la metieron a bañar en la tina y la vistieron con ropa «nueva». Recuerdo que mi mamá decía que la niña estaba asombrada con el jabón y la crema para el cuerpo. Después se la llevaron a comer al restaurant del hotel y creo que la niña hizo su itacate para llevarle algo de comida a su familia. Nunca la volvieron a ver.

     Además de su experiencia con esa niña, mi mamá me contaba que en la playa las cubanas se le acercaban y le pedían que les regalara su traje de baño. También le preguntaban si les podía regalar zapatos, jabones, pasta de dientes, shampoo, etc. Me contó que nadando en el mar, creo que en Varadero, un jovencito se le apareció de la nada y le dijo «¡Cásate conmigo!».

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     Otras referencias que yo tenía de Cuba incluían el tema inevitable cuando se habla de aquel país: la prostitución. En algún momento de mi vida (no recuerdo cuando) escuché a mis hermanos hablar de un par de sus amigos que acostumbraban ir a Cuba una vez al año. Recuerdo que mis hermanos platicaban que sus amigos iban a La Habana y rentaban una casa grande con alberca. Una vez establecidos, salían a la calle y procuraban conocer a algunas mujeres. Ya que las conocían las invitaban a su casa y pasaban varios días con ellas ahí. Obviamente, aquello se convertía en una fiesta de locura, de alcohol y sexo.

     Desde esas clases con Miss Sue quise conocer Cuba. No sabía cuando, ni bajo qué circunstancias pero de que algún día iría, algún día iría. Quería conocer el sistema político y económico, visitar sus playas y por supuesto ¡ver a los cubanos! ¡Claro que sabía de la fama de guapos que tenían!

    La primera vez que me pasó por la cabeza hacer el viaje fue cuando salí de la preparatoria. Mi novio de aquel entonces era mucho mayor que yo, y había pedido un préstamo al trabajo; pensaba gastarse el dinero en el enganche de una moto o en un viaje a Cuba. Y yo, la novia celosa, no pensaba dejarlo ir solo a la isla. Eventualmente lo convencí de que pagar el enganche de una moto era una mejor idea. La moto no duró mucho tiempo, nuestro noviazgo tampoco.

    Durante mis años de universitaria, varias veces pensé en irme de viaje a Cuba, pero mi obsesión por Nueva York hizo que yo eligiera ese destino una y otra vez en las vacaciones. Mi obsesión por Nueva York duraría varios años.

    Finalmente me decidí por Cuba. No sé exactamente cómo ni cuándo se me clavó la idea en la cabeza, sólo recuerdo que en enero de 2014 mi hermano Omar (que es piloto de Aeroméxico) me regaló un boleto de avión para cualquier destino internacional. Supe que ese destino sería Cuba. Unas semanas después hablé con un viejo amigo de la universidad y le propuse irnos a Cuba en verano. No me lo tomó en serio, y no supe de él en un tiempo.

     Se acercaba el verano y yo me convencía de que me iba para Cuba. Aunque no había encontrado compañero de viaje todavía, tenía planeado irme a mediados de julio durante unos 10 días. Creo que fue en mayo cuando mi amigo Rafa de Suiza nos visitó en México. Él había pasado un tiempo en Cuba y yo hablé con él para que me diera consejos para el viaje. Me recomendó no quedarme tantos días en la Habana, y en cambio viajar por las provincias. Me aconsejó en especial ir a un lugar llamado Trinidad. Me dijo que era un pueblo precioso. Desde ese día, se me quedó grabado en la mente ese «Trinidad». Ahí se empezó a acomodar todo.

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    En junio empecé a monitorear la capacidad de viaje en los vuelos de Aeroméxico para esos días. Viajaría con un boleto sujeto a espacio así que tenía que asegurarme que hubiera lugar en el avión. En junio ya casi todo estaba lleno. Esa sería la primera señal de que una vez más mi viaje se pospondría. Otra de las señales fue que mi mamá insistía en que no hiciera ese viaje sola; decía que era peligroso y que seguro caería con algún cubano.

    En el mismo mes nos visitaron unas amistades de San Antonio, Texas. Nos invitaron a pasar unos días allá con ellos en julio. A mi mamá le encantó la idea, y me convenció de que las compras en Estados Unidos me caerían mejor que los mojitos cubanos en la playa. ¡Hasta me compró un boleto de avión para San Antonio! En fin, todo conspiró en mi contra aquella vez, y terminé yéndome de compras; pero me juré que pasaría año nuevo en Cuba.


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