C´est ma Vie, Cultura y Arte

Una Mexicana en Cuba 4to capítulo

de Daniela Olivera Salgado


       Jineteros

         Enfrente de donde estábamos sentados había un lugar que decía «Cafetería». Yo ya no podía más con el hambre y le dije a Luis que fuéramos a comer algo. Entramos en ese lugar y el olor era nauseabundo. ¡Olía a pipí con cloro! Después vi a una familia que estaba sentada comiendo lo que parecían ser unas pizzas que se veían totalmente inapetentes. Después de ver y oler aquella escena le dije a Luis «¡Vámonos!». Salimos y seguimos caminando por el malecón. Luis se detuvo un momento a encender un cigarro y fue ahí cuando un hombre se le acercó para pedirle fuego.

     — Un momento, no son cubanos. ¿De dónde son? – preguntó el hombre.

     — Mexicanos – dijo Luis.

     — ¡México lindo y querido! Tengo muchos amigos mexicanos, del DF. – respondió de

     nuevo el hombre.

         Seguido, nos empezó a enredar con su plática diciéndonos que México era muy lindo y los mexicanos muy amables. Dos minutos después teníamos una gran plática con él. Una mujer se aproximó y, no recuerdo bien pero, creo que él la presentó como su esposa. Él se llamaba Alfredo. No recuerdo el nombre de ella, pero era uno de esos nombres raros, muy cubanos  como Disnery, Yurisleydi, Yuleysi, o Yusmary. Alfredo era un hombre de unos cuarenta y tantos, negro, grandón.

        Ella era mulata, de color claro, un poco llenita. Conversamos con ellos en el malecón cuestión de cinco minutos. Les dijimos que habíamos llegado ese mismo día y ellos nos dijeron que teníamos suerte pues ese día había un festival de salsa en Centro Habana y muchos descuentos en la fábrica de cigarros. Alfredo nos preguntó que si ya conocíamos el Callejón de Hammel, le dijimos que no y él dijo que nos llevaría, que estaba a pocas cuadras.

 

Alfredo y su esposa me parecieron buenas personas, además tenían buena plática. Cruzamos la calle del malecón justo por donde se encuentra uno de los mejores hospitales de Cuba, el Hermanos Ameijeiras, donde según los rumores de los cubanos, estuvieron internados Hugo Chávez y Diego Armando Maradona. Cuando íbamos cruzando la calle Alfredo dijo:

445948_11142_1

     — Crucen por la cebra, no se ve mucho, pero ahí está. Lo que pasa es que cuando Maradona estuvo aquí se las aspiró. La cebra son las rayas blancas que indican paso peatonal en la calle. Me reí mucho de su chiste.

        Llegamos al callejón y Alfredo nos decía «Tírense fotos, tírense fotos». No le entendí al principio, pero quería decir que aprovecháramos para tomarnos fotos. Entramos al callejón y Alfredo sugirió inmediatamente que nos sentáramos en un bar que hay ahí dentro y tomáramos un «negrón». Nos dijo que era una bebida parecida al mojito, pero mucho más rica. También nos informó que un mojito en un bar de renombre como «El Floridita» costaba unos $8 ó $9 CUC, mientras que el «negrón» en aquel bar costaría «sólo $5». En cuanto entramos al bar con aquellos dos extraños me cayó el veinte.

                 ¡ Alfredo y «su mujer» eran jineteros !

 

 

       Tengo que explicar la profesión de los jineteros. Luis y yo ya habíamos leído sobre ellos en internet. Son personas que se valen de su simpatía para enredar a los turistas.  Pueden obtener dinero (o bienes como ropa, accesorios o productos de higiene personal) de ellos de varias maneras, incluso a través de la prostitución. Generalmente los llevan a bares, restaurantes o tiendas clandestinas de puros o ron y en esos lugares a ellos les dan una comisión por llevar a los extranjeros a consumir o comprar.

        Lo malo es que si un mojito cuesta normalmente 2 CUC, los acompañantes de los jineteros pagarán mucho más por la misma bebida; de algún lado tiene que salir la comisión. En nuestro caso, cada mentado «negrón» costó 5 CUC. En ese momento pensé que nunca podría coger una borrachera en Cuba… ¡Qué va! Era demasiado caro. Tendría que tomarme al menos unas 6 bebidas, lo que equivaldría a 30 CUC, demasiado dinero para una borrachera. Me sentí decepcionada.

        ¿Se acuerdan que Alfredo nos dijo que habíamos llegado a la Habana en un buen día, porque era el festival de la salsa y había descuentos? Eso no era cierto, todos los jineteros de la Habana dicen lo mismo, los 365 días del año, es parte de su discurso. Para que los turistas se interesen por los supuestos descuentos del día. Esta es una de las maneras en que los cubanos se las arreglan para sobrevivir. No los juzgo, para mí y para el darwinismo social esto se llama supervivencia del más apto. Además no se puede generalizar, no todos los cubanos son jineteros y muchos te brindan su amistad desinteresadamente. Nos sentamos en el bar, y nuestros acompañantes pidieron una ronda de bebidas.

— ¡Gracias por invitarnos el trago! — dijo Alfredo.

— ¿Quéeeeeeeeeeeeeee?— pensé, aunque no lo dije en voz alta.

        Fue en ese momento en donde me di cuenta de que, sin lugar a dudas, Luis y yo habíamos caído redonditos en manos de los jineteros. ¡Y yo que juré que no me pasaría! Aunado a todos los sentimientos que ya tenía, me sentí engañada, traicionada, y una vez más decepcionada por Cuba.

         Conversamos un poco con los jineteros, quienes incluso nos invitaron a pasar fin de año con ellos en su casa. Alfredo nos regaló un billete de $3 CUP a Luis y a mí (uno a cada uno). En ese billete aparece el Che Guevara. Además, nos vendió en $10 CUC, cada uno, dos discos de salsa cubana. ¡Hicieron su agosto con nosotros! En la mesa contigua se encontraba otro par de jineteros con un turista brasileño. El joven ya se encontraba borracho, y había varios vasos vacíos sobre la mesa. ¡Pobre brasileño! Seguro pensó que había hecho un par de amigos.

jineteros.JPG

       Luis y yo nos hicimos señas y nos comunicamos como pudimos. Ambos sabíamos lo que estaba pasando. Cuando nos terminamos el trago les dijimos a los desconocidos que teníamos mucha hambre y que Mery nos estaba preparando la comida; nos teníamos que ir. Salimos del bar y Alfredo insistió en llevarnos a comprar puros. Le dijimos que ninguno de los dos fumaba eso, que era nuestro primer día y teníamos que administrar el dinero de las vacaciones sabiamente. Siguió insistiendo. Prácticamente nos rogó que fuéramos con él a comprar los cigarros; dijo que necesitaba esa comisión.

       La mujer que lo acompañaba sacó su cartera y me enseñó la foto de una niña. Me dijo que era su hija y necesitaba comprarle leche. Nos suplicaron. Una vez más les dijimos que no nos interesaban los puros. Luis y yo empezamos a caminar para regresar a la casa. Los jineteros nos siguieron un par de cuadras. Venían cayéndonos atrás (frase cubana que significa que te persiguen, te vigilan o te están chingando), insistiendo. Empecé a sentir miedo. Supongo que Luis también se puso nervioso pero no me dijo nada.

     — ¡Ya déjenos en paz!— dijo desesperado Luis.

     — Por favor, necesitamos el dinero para comprar la leche de la niña— respondió la mujer— Si quieren pueden acompañarnos a la tienda y comprar dos botes de leche.

     — ¿Qué? ¡No!— contestó mi amigo.

     — ¿Cuánto quieren?— pregunté.

    — 20 — dijo Alfredo.

     — Les doy 10 y ya váyanse. — dije mientras mi corazón latía rápidamente.

        Saqué 10 CUC de mi cartera y se los di. Nos agradecieron, aunque no se quedaron tan conformes. Luis y yo salimos corriendo de ahí.

         Llegamos rápidamente a la casa y le platicamos a Mery lo que nos había sucedido. Ella calentó un poco de pollo y arroz que tenía del día anterior en el refrigerador y nos lo brindó. Esa cena me supo deliciosa.

           Después de cenar me bañé y me puse la pijama. Cuba había acabado conmigo en menos de un día. Seguía pensando en que quería regresarme a México.

         Luis se bañó y salió a dar una vuelta. Le dije que tuviera mucho cuidado, que no tomara y que si lo hacía fueran latas de cerveza cerradas. También le advertí que llegara solo a la casa.

         Me acosté a dormir a las 10 de la noche. Luis llegó a las 3 de la mañana oliendo a cigarro y alcohol. Me contó un poco sobre su noche. Me dijo que había conocido a alguien. Yo estaba cansada y le dije que me contara después. Diez minutos más tarde Luis me abrazó y me echó la pierna encima. Lo quité inmediatamente y le dije que no me abrazara. Pensé en pedirle la cama extra a Mery al otro día, pero no lo hice.


 

Conoce la historia de Daniela todos los sábados en este blog , síguenos no te pierdas ningún capítulo.


Pronto nuestra sección Éxito de Mamá, historias de mamás emprendedoras que concilian su pasión , su profesión y la crianza de sus hijos con éxito, !imperdible¡Entrevistas a mamás de todo el mundo que nos inspiran a empoderarnos y desatar todo nuestro talento. Próximo martes 25 de Julio la historia de una mamá que encontró en la India el regalo de su vida.

 

 

 

 

 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s