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Una Mexicana en Cuba 6to capítulo largo

De Daniela Olivera Salgado
Capítulo largo


         El Granma, el príncipe azúl y el Año Nuevo

         La mañana siguiente la pasamos dentro del Museo de la Revolución. Las instalaciones del museo son muy amplias, pero casi todo lo que se exhibe en él tiene muy poca producción. A lo que me refiero es a que se nota que no invirtieron mucho dinero en los displays, lo cual me sorprende. Uno pensaría que por ser un museo dedicado al mayor orgullo del sistema, el gobierno invertiría para hacer que el museo fuera extraordinario. No es así. Realmente no hay muchas cosas sorprendentes dentro de él, excepto por una: el Granma.

         Cuando uno termina de recorrer todo el museo llega a un patio trasero en donde hay una especie de vitrina enorme en donde se aloja el yate Granma. Se encuentra custodiado por dos guardias del ejército, como si fuera una importante joya, y es que lo es. Ese barquito fue testigo de la travesía de aquellos 82 revolucionarios que salieron el 26 de noviembre de 1956 de Tuxpan, Veracruz. Se me puso la piel de gallina cuando finalmente pude tomarme una foto junto al famoso Granma.

 

          Regresamos a la casa temprano y tomamos una siesta. Creo que volvimos a comer en casa de Mery. A las 8 de la noche nos bañamos y nos empezamos a arreglar. Los cubanitos vendrían a buscarnos a las 9. A las 9 en punto Luis bajó a la puerta del edificio. Le dije que bajara y regresara a decirme qué tal estaba el tipo. Regresó y me dijo que el chico no estaba de mal ver. Terminé de arreglarme y bajamos en seguida.

                 — ¡Hola Daniela! Este es Adrián.— dijo Kevin.

         Nos saludamos con un beso en la mejilla y empezamos a caminar por la calle. Adrián era justo como lo había descrito Kevin: cubano de 26 años, alto, delgado, blanco, de cabello negro y ojos verdes, muy guapo.

         Llegamos al bar «Sofía» en La Rampa y nos instalamos un rato. Al principio Adrián no hablaba mucho conmigo. Me preguntó lo que se pregunta cuando se conoce a alguien nuevo: la edad, ocupación, si se tiene pareja, si hay hijos, etc. El «Sofía» es muy agradable; había música en vivo y cervezas Cristal muy frías. Kevin me preguntó que qué me había parecido Adrián. Le dije que me parecía guapo. Salimos de aquel bar porque nos dijeron que ya no había cervezas, y nos fuimos al bar en donde habíamos estado con Kevin el día anterior. También había música en vivo en ese bar. Luis se puso a cantar un poco con el grupo. Ya entrada la noche Adrián empezó a jugar sus cartas.

               — ¿Me puedes regalar un beso? — dijo Adrián.

          Yo pensé: «soy soltera, estoy de vacaciones y Adrián está muy guapo, no tengo nada que perder». Accedí y nos besamos. No voy a dar muchos detalles, pero sí puedo decir que Adriancito tenía un arete en la lengua y además besaba muy bien; era difícil tenerlo ahí y no besarlo cada dos minutos. Después de unos cuantos besos Adrián siguió con lo suyo.

         — Daniela tú eres una princesa y yo puedo ser tu príncipe azúl si tú quieres. — dijo Adrián.

«¿Es en seriooooo? WTF??????», pensé.

         — No Adrián, no creo en las princesas ni en los príncipes. No existen. Tú y yo somos personas de carne y hueso, y podemos ser pareja, novios, esposos o lo que sea, pero nada de eso de princesas y príncipes. Eso no existe. — contesté.

— Ahhhh eres una intelectual. — respondió el príncipe azúl.

         Durante la velada Kevin hizo muchos comentarios sobre Adrián y yo. No me gustaron. Decía que nos podíamos casar, que me tenía que embarazar de Adrián y no sé qué más. Demasiada presión para mi gusto, y demasiada desesperación. No voy a negar que la pasé bien con Adrián, pero ¡nada que ver!, no se portó conmigo como un caballero, era bastante obvio que sólo se estaba aprovechando de la situación: la mexicana que me invita a cenar, me invita las cervezas y si corro con suerte se enamora de mí y me da visa. ¡Ni en sueños!.

          Yo también me estaba aprovechando de la situación para ser honesta, pasándola muy bien con un tipo guapísimo. Adrián y Kevin nos llevaron a la casa alrededor de las 4 de la mañana.

         Al día siguiente Luis y yo nos fuimos por fin a la playa. Muy al estilo cubano tomamos un almendrón colectivo (taxi colectivo) hacia el Parque Central. Ahí tomamos un camión que nos llevó por 5 CUC (viaje redondo) a las Playas del Este. Pasamos un día divino. Nos relajamos completamente y nos reímos de todas las tonterías que habían pasado con Adrián y Kevin la noche anterior. Habíamos quedado de volver a verlos esa noche. En la playa disfrutamos del agua, el sol, las cervezas frías y la vista. Había muchos hombre guapos, cubanos y extranjeros.

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         Regresamos a casa, nos bañamos y fuimos a cenar a un restaurante donde se come delicioso. Está en el mismo Vedado, detrás del Hotel Habana Libre, se llama «La Paila». Cenamos bastante y muy rico, y regresamos a la casa a ponernos guapos. Kevin llegó puntual al edificio a las 9 de la noche. Vino solo. Me dijo que Adrián estaba en el hospital porque habían operado a su tía. Llamamos a Adrián y me dijo que quería verme, pero que le daba pena porque estaba con una amiga y no quería que yo me pusiera celosa. Le dije que no se preocupara y que nos viéramos de todas formas.

         Honestamente sí sentí celos y pensé que su amiga seguro sería una cubana guapísima, y que tal vez era su novia. Me sentí molesta. Kevin, Luis y yo nos sentamos afuera del Habana Libre a esperar a Adrián y su amiga. Llegó unos 5 minutos después. Cuando vi a su amiga sentí alivio. Era una mujer de color, mayor, con la cara cacariza, muy fea.

         Nos fuimos todos a un bar y ahí Kevin y Adrián nos invitaron a pasar Año Nuevo en su casa. Luis estaba muy animado, yo no estaba tan convencida. Vivían en las afueras de la Habana, como a 1 hora. Si no nos gustaba el lugar o algo pasaba no tendríamos forma de regresarnos. No me latió la idea, pero de todos modos dijimos que sí iríamos.

          Esa noche la volví a pasar bien con Adrián. Todo iba de maravilla hasta que camino a casa de Mery él abrió la bocota.

          — Daniela quiero pedirte un favor. Espero que no te enojes. Mira, para venir a verte yo tengo que tomar una guagua (camión, bus) desde mi casa que tarda una hora en llegar. A esta hora ya no hay guaguas para allá. Tenemos que tomar un almendrón que nos va a cobrar como 3 CUC por persona. Si mañana Luis y tú quieren ir para la casa hace falta comprar cerveza por la mañana antes de que ustedes lleguen. Para todo eso necesito que me des dinero. — dijo Adrián.

— ¿Cuánto necesitas?— pregunté.

— Unos 30.— Contestó.

— ¿Quéeeeeeeeeeeeeeee? — pensé.

          Fue el tono que usó y la manera como lo dijo lo que me molestó. Volví a sentirme como el primer día cuando Alfredo nos pidió $20 CUC para dejarnos ir en paz. Otra vez Cuba me decepcionaba. Le dije que no traía dinero, y era verdad. Luis traía mi dinero en su cartera. Yo sólo traía como $8 CUC en mi bolsa. Se lo expliqué. Él se molestó y empezó a subir el tono. No recuerdo exactamente sus palabras pero me dijo algo así como que los yumas éramos muy egoístas, que para mí $30 dólares (CUC) no eran nada y para él y su familia lo eran todo.

         Dijo también que a mí no me costaba nada darle ese dinero, que al final yo regresaría a México y no me harían falta. Finalmente dijo que yo me iría a México y me olvidaría de él, que yo nunca lo sacaría de ahí. Tenía razón. Con esa actitud nadie regresaría por él. Me sentí muy mal. Incluso me dio miedo. Vi frustración y mucha ira en sus ojos. Saqué los $8 dólares de mi bolsa y los puse en su bolsillo. Le di un beso para despedirme y entré al edificio. Cuando entramos al elevador le dije a Luis que no los veríamos más.

         Desperté sintiéndome muy mal. No sé cómo explicarlo, sentía muchas cosas por lo que había pasado la noche anterior con Adrián. Habíamos quedado con Kevin de que iría por nosotros a las 10 de la mañana a la Habana para llevarnos a su casa. Pensé que tal vez no llegaría, pero sí fue. Antes de que llegara le dije a Luis que yo no quería ir, algo me decía que no debíamos ir. Cuando llegó Kevin, Luis y yo bajamos a la escalera del edificio para hablar con él. Yo me sentía terrible con Kevin, no quería desilusionarlo.

         Él se había portado muy bien y muy decente con nosotros, me remordía la conciencia decirle que no iríamos, pero mi intuición (y mi inteligencia) eran más fuertes. Hablamos con él y le inventamos que estábamos esperando a una amiga que iba a llegar y que teníamos que esperarla. Le dijimos que le llamaríamos más tarde y le dimos unos regalos: un bolso y unos perfumes. Kevin se disculpó por lo que había hecho Adrián la noche anterior. Se puso triste y sabía perfectamente porqué no iríamos a su casa. Me sentí culpable.

          Regresamos a la casa y hablamos con Mery para decirle que queríamos pasar Año Nuevo con ella y su familia en la casa. Nos dijo que éramos bienvenidos. Luis y yo salimos a comprar cervezas y unas botellas de vino para la celebración de esa noche. Por la tarde caminamos hasta la Plaza de la Revolución. Llegamos justo en el momento en que encendieron las luces de Camilo y el Che. Me sentía plena. Estaba pasando el último día del 2014 justo como quería, en el lugar que tanto había soñado, sintiéndome libre, feliz y realizada.

         Nos fue difícil encontrar un taxi para regresar a la casa, dado el día y la hora. Por fin llegamos, nos arreglamos y salimos de la habitación para empezar a celebrar. Estaban ahí algunos familiares de Mery, todos mayores que nosotros, y una extranjera de Suecia llamada Asä. Era una mujer muy agradable. Empecé a conversar un poco con ella, ese día ella había llegado de Trinidad y me dijo que me recomendaba ir a ese lugar, que estaba hermoso. Después nos pusimos a hablar de temas más profundos: la vida y el amor. Me contó sus penas y le conté las mías. Al final de nuestra charla Asä miró a una pareja que estaba bailando y me dijo algo que nunca olvidaré:

        — Mira Daniela yo he aprendido que la vida es como bailar. Si encuentras a alguien que lleve tu propio ritmo y pueda bailar contigo ¡qué extraordinario!, pero si no es así no importa, bailar sola es igual o hasta más divertido.

         Me dejó con la boca abierta. Tenía razón. En la vida hay que disfrutar el presente y dejar ir el pasado, vivir el momento y esperar lo mejor para el futuro.

         El menú de Año Nuevo fue fenomenal. Todavía lo recuerdo y se me hace agua la boca. Empezamos con una ensalada fría de pasta con atún y piña. Luego cenamos puerco al horno, yuca, congrí y aguacate. ¡La mejor comida cubana que he probado! Todo eso acompañado de Cristal y Bucanero.

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         Tras la cena, todos nos pusimos a bailar. No faltaron la salsa ni los éxitos del momento. Ese día conocí la música de Laritza Bacallao, Gente de Zona y Leoni Torres. Bailamos «Hello Baby» y «Sólo se vive una vez» como mil veces. Había un amigo de Mery que ya estaba un poco borracho y cada 3 minutos me decía «Mexicanaaaaaaaa ¿cómo te la estás pasando?». Me moría de risa. A las 12 nos dimos el abrazo. Una hora después salimos al malecón.

         Nos sentamos ahí y seguimos bebiendo. A las 3 la familia de Mery regresó a la casa y Luis y yo nos quedamos en el malecón. Caminamos un poco hasta encontrarnos a un grupo de turistas que estaban formando una buena pachanga con un trío cubano. Había argentinos, brasileños, mexicanos, etc. Pedimos canciones de José José, Joan Sebastian, Selena, etc. ¡La pasamos bomba! Regresamos a las casa a eso de las 7 de la mañana. Después de haber pensado que mi Año Nuevo en Cuba sería deprimente terminó siendo el mejor de mi vida. Nunca me había divertido tanto y no podía estar más feliz. No me alcanzan las palabras para describir lo que viví esa noche, fue una de las experiencias más lindas y divertidas de mi vida.

          Me levanté a las diez de la mañana y me metí a bañar. Todavía estaba volada (borracha). Kevin llegó por nosotros alrededor de las 11:30 am. La noche anterior le habíamos llamado en nuestra borrachera. Lo invitamos a pasar el día en la playa, pero le dijimos que Adrián no estaba invitado. Nos fuimos otra vez a las Playas del Este. La pasamos muy bien. No hay nada mejor que empezar el año tirada en la playa tomando el sol con una Cristal (o varias) en la mano.

        Regresamos a casa de Mery a eso de las 6. Me dieron el recado de que me había llamado un muchacho. Era Adrián. Lo llamé y me dijo que quería disculparse conmigo por lo de la otra noche, que le diera otra oportunidad y que volviéramos a salir. Le dije que sería otro día porque estaba muerta. Ese día salimos a cenar y nos acostamos temprano. Al otro día empezaríamos nuestra mini aventura por las provincias.


 

 

1 comentario en “Una Mexicana en Cuba 6to capítulo largo”

  1. Lo mejor del Museo de la revolución es el majestuoso edificio en el que está alojado, edificio de otras épocas, claro está, hecho con el dinero de la caña de azúcar. Por lo demás, no vale la pena, la museografia es pobre y la curaduria es inexistente.
    Presiento que te estas dejando embarcar igual que el Granma embarcó a millones de cubanos. Cuidado. En Cuba hay un dicho : con los cubanos pura P y D. Saludos!

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