C´est ma Vie, Cultura y Arte

Una Mexicana en Cuba, 7mo capítulo largo

de Daniela Olivera Salgado


¡Cienfuego’e la ciuda’ que más me gusta a mí!

        Mery nos ayudó a planear nuestro fin de semana por las provincias. El plan inicial era salir de la Habana el viernes, llegar a Cienfuegos por la tarde y pasar la noche ahí, salir al otro día hacia Trinidad y dirigirnos finalmente a Santa Clara el domingo para llegar a La Habana el lunes. Nuestro vuelo salía el martes. Mery nos dijo que el Viazul (camión para viajar por las provincias) a Cienfuegos salía a las 11 de la mañana. Eran las 11:10 y nosotros seguíamos en casa de Mery. Su sobrino nos llevó finalmente a la estación. A continuación, voy a intentar describir la experiencia inaudita de viajar con Viazul.

        Llegando a la estación había una señorita detrás de un escritorio viejo vendiendo los boletos. Le preguntamos por el viaje a Cienfuegos, y nos dijo que había salido hacía 10 minutos. El siguiente saldría a la 1 de la tarde; faltaba casi una hora y media. Quisimos comprar los boletos y la señorita nos dijo que no podíamos. Teníamos que preguntar a la gente que estaba ahí en la estación quién iba para el mismo destino y marcar detrás. El concepto de marcar significa hacerle saber al último de la fila o cola que vas detrás de él, que después de él sigues tú. Marcar la fila es como un ritual sagrado para los cubanos. Cuando llegas a un lugar y hay cola debes preguntar «¿Quién es el último?”, y marcar tu lugar.

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        Los cubanos respetan mucho este sistema y pobre de aquel que no lo entienda. En fin, marcamos detrás del último pasajero a Cienfuegos. Había como unas 8 personas antes de nosotros. Preguntando supimos que era cuestión de suerte si ese día viajaríamos a Cienfuegos o no. Dependía de que tan llena viniera la guagua. A la 1:10 nos subimos al autobús. Fuimos los últimos en obtener lugar. El chofer nos indicó que llegaríamos a Cienfuegos alrededor de las 6 de la tarde.

        El camión iba muy lento y paró muchas veces en paradores turísticos para que la gente pudiera ir al baño. Cuando llegamos a Playa Girón el chofer tuvo que parar porque un turista que se había quedado en una estación detrás se había equivocado de maleta. Tuvimos que esperar una media hora a que el fulano despistado llegara a cambiar la maleta. Seguimos con el viaje y posteriormente el chofer se volvió a detener. Los dos choferes que venían a cargo de la guagua bajaron. Pasaron unos 20 minutos y no regresaban. Luis se sintió desesperado y bajó a ver qué pasaba. Regresó y me dijo que estaban tomándose una cerveza y comiendo, muy quitados de la pena. Un argentino que venía a bordo se bajó y les empezó a reclamar. Los choferes sólo lo miraban como si no entendieran lo que decía y movían la cabeza. Les importó un carajo.

          Después de un día muy largo y sin haber comido nada llegamos a Cienfuegos casi a las 7 de la noche. Hacía un poco de calor a pesar de ser enero. Bajando del bus estaba un señor con un letrero con mi nombre. Era un amigo de Mery que nos había conseguido hostal. Nos llevó caminando a la casa de nuestra anfitriona Teresita. Era una señora un poco extraña, estaba vestida con una bata como de embarazada, y la verdad tenía mirada de loca.

         La casa era una casa cubana típica, con muchos adornos y fotos. La recamara era pequeña, pero suficiente para nosotros. Lo mejor de todo era que ¡había dos camas! Nos dimos un baño y le dijimos a Teresita que nos recomendara un buen paladar. Nos mandó a un restaurant llamado Doña Nora, a unas cuantas cuadras de la casa. El lugar estaba lindo, pero la comida dejaba mucho que desear. Durante la cena le dije a Luis que ya me sentía agotada y que no quería ir a Trinidad y Santa Clara. Le dije que me quería regresar a la Habana lo antes posible. No había casa ni comida como la de Mery. Luis coincidió conmigo. El problema ahora era decidir si irnos a Trinidad o a Santa Clara. Queríamos ir a Trinidad por todo lo que nos habían dicho de ese lugar, pero también nos llamaba la atención Santa Clara porque queríamos visitar la tumba del Che Guevara. No podíamos decidirnos, entonces lanzamos una moneda al aire. El destino lo dijo todo, iríamos a Trinidad.

          Cienfuegos me cautivó. A pesar de que llegamos prácticamente de noche pude apreciar la belleza de la ciudad. El ambiente era tranquilo, muy diferente al de la Habana. Después de cenar caminamos un poco por el malecón y a lo lejos vimos un lugar donde había música y luces. Decidimos caminar hacia allá.

         Llegamos y pagamos la exorbitante cantidad de $1 CUC de cover. Aquel lugar era una especie de terraza grande al aire libre. Me gustó mucho. Un grupo estaba tocando música de los 70’s. Había mucha gente mayor de 40 años y muy pocos jóvenes. Luis y yo compramos unas cervezas y nos pusimos a gozar. Cerca de nosotros una señora bailaba con lo que parecía ser su esposo. No era muy guapa, pero estaba bien arreglada. Era blanca con el cabello rubio, estaba muy maquillada y traía un escote muy pronunciado. Nos sonreía mientras bailaba. Luego de unos minutos se acercó a nosotros e iniciamos una conversación. Se llamaba Alina y era psicóloga. Me preguntó que si ya había conocido a algún cubano y terminé hablándole de Adrián. Le dije que me gustaba mucho, pero que era un cabrón. Me dijo que lo llamara y que hablara con él. Me dio su celular y como yo ya estaba un poco borracha le marqué. (Van a pensar que soy una borracha consuetudinaria, jajajajaja pero no, soy perfectamente funcional, pero estaba de vacaciones!!!)

— Dime — contestó.

— ¡Hola Adrián! Habla Daniela. ¿Cómo estás? ¿Qué estás haciendo?

— Estoy en mi casa viendo un selial.

— ¿Qué? ¿Comiendo cereal?

— No, viendo un selial.

— ¡Ahhh una serie!

— Sí, un selial.

Ok, yo estoy en Cienfuegos. Oye sólo quería decirte que me gustas mucho y quiero verte cuando regrese a la Habana.

— Sí, está bien. Voy a buscarte a casa de Mery cuando regreses. Me llamas.

— Ok te llamo cuando llegue a la Habana. Cuídate, bye.

         El grupo dejó de tocar en la terraza y salimos de ese lugar. A la salida Alina despidió a su amigo (resulta que no era su esposo) y nos preguntó que si queríamos seguir la fiesta. ¡Claro que sí! Nos fuimos a una discoteca en el centro de Cienfuegos, no recuerdo el nombre. Había muchos hombres guapos, a mí se me caía la baba. Empecé a bailar con un negro muy guapo. Bailé un rato con él y cuando era hora de irnos me pidió que me fuera con él a su casa. Le dije que no. Siguió insistiendo (los cubanos siempre insisten mucho) y volví a decirle que no.

         Alina tuvo que rescatarme y decirle que me dejara en paz. Saliendo de la discoteca conocimos a un par de ingleses que, como estaban borrachos, no encontraban su hostal. Empecé a hablar en inglés con uno de ellos. No recuerdo de qué hablamos. Me dijo que bonita estaba y me plantó un besó. Se lo devolví. Acuérdense que estaba de vacaciones en un país exótico, tenía todo el derecho. Los ingleses se fueron y Alina nos llevó al McDonald’s. Era un local de hamburguesas. No me pregunten de qué estaban hechas las hamburguesas, porque seguro no era de res, pero estaban buenísimas.

        Luis y yo llegamos a las 5 de la mañana a la casa. Nos levantamos a las 8 y nos bañamos, teníamos que dejar la habitación a las 9 a petición de Teresita. Desayunamos en la casa. Recuerdo que la comida estaba bastante mala. Comimos en un desayunador dentro de la cocina que estaba muy sucia. No me gustó. Llamamos a Mery y le dijimos que regresaríamos el domingo a la Habana.

        Salimos de la casa a comprar los boletos para Trinidad. No pudimos encontrar la estación del Viazul, donde habíamos llegado el día anterior. Encontramos otra estación de camiones que se veía muy vieja y sucia. Había u

nas ventanillas. Preguntamos a la señorita y nos dio dos boletos. Nos dijo que teníamos que estar ahí a las 4 de la tarde. No pagamos nada y se nos hizo raro. Regresamos a la casa y le preguntamos a Teresita. Le enseñamos los boletos y nos dijo “¿Pero ustedes están locos niños? Si se montan a esta guagua los van a llevar a un campo, no a Trinidad.» Regresamos y finalmente encontramos el Viazul. Otra vez vivimos una experiencia irreal. Ahí les va.

       La estación del Viazul era pequeñita, era una especie de añadidura dentro de la estación principal. Había una oficina donde trabajaba un señor tras un escritorio. Delante de nosotros había unas 6 personas, todas extranjeras. Nos tomó alrededor de una hora y media llegar al escritorio de aquel hombre. ¿Por qué tardaría tanto un proceso tan fácil? Después de todo, vender y comprar boletos de autobús no tiene gran ciencia. Bueno, eso en cualquier país del mundo excepto en Cuba. Cuando llegamos a la «taquilla» me di cuenta de porqué se tardaban tanto.

      El empleado nos pidió los pasaportes y las visas de turista e introdujo el número de cada uno en el sistema. Después nos preguntó nuestro destino. Nos cobró $6CUC por persona. Contaba el dinero recibido meticulosamente y lo metía dentro de una gaveta. Al final imprimía los boletos en una impresora viejísima, muy lenta. El papel en donde imprimía era tamaño carta. Era papel de impresora que se utilizaba en México hace muchos años, el que tiene unas tiritas de papel con hoyitos a los lados. Imprimió un boleto para cada uno y los recortó co

n mucha calma utilizando una regla. Nos dijo que teníamos que llegar ahí a las 5:30 para confirmar que abordaríamos el autobús a las 6. Cuando regresamos a las 5:30 el señor tomó los boletos que nos había dado y realizó el mismo proceso con la impresión para darnos nuevos boletos. Yo no entendí tanta gastadera de papel, pero sobre todo de tiempo.

         Cuando al fin obtuvimos los boletos del Viazul para Trinidad eran a penas las 12. Faltaban varias horas para abordar la guagua. Yo me sentía un poco mal, desvelada y con resaca. Decidimos conocer un poco d

e Cienfuegos. Caminamos por el malecón con poca energía porque ninguno de los dos hablábamos. Luego caminamos sobre un andador turístico que lleva al centro de la ciudad. Llegando al centro nos topamos con unas carretas de artículos cubanos tradicionales que la gente compra como suvenir. Me acerqué a una de las carretas en donde vendían aretes, anillos, collares y pulseras hechas de hierro y hueso. Compré algunas pulseras y unos anillos. El vendedor era muy agradable, platicamos un poco y me preguntó de donde era yo. Le pagué por las cosas y me alejé caminando. Cuando ya llevaba algunos metros el vendedor gritó «¡mexicana!» y se acercó a mí. Extendió su mano y me dio un collar con una semilla «ojo de buey» y me dijo «Te regalo este amuleto para que tengas suerte, verás que hoy te pasan cosas buenas». Le di las gracias, me pareció un gesto muy noble de su parte.

       Luis y yo fuimos a buscar a Alina a su casa. Ella no estaba ahí. A unos metros de donde vivía había una galería de arte que llamó mi atención. Entramos y descubrimos que tenían un muro lleno de cuadros pequeños. En los cuadros aparecían muchas imágenes del Che Guevara, Camilo Cienfuegos y la bandera cubana. René, el encargado de la galería, me dijo que cada uno de esos cuadros tenía un significado diferente. Casi todos hacían alusión a algún tema político relacionado con Cuba. Uno de esos cuadros llamó mi atención. Era la imagen de una pareja besándose bajo la lluvia. La silueta del hombre era negra y la de la mujer roja.

        La lluvia era de colores y ellos sostenían un paraguas negro. Pregunté por el significado de ese cuadro.

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Me dijo que, de hecho, ese cuadro estaba inspirado en él. René era un hombre negro y su esposa era blanca. Me dijo que a pesar de la gama y mezcla de razas que existe en Cuba, sigue habiendo racismo y prejuicios en contra de los negros. La lluvia del cuadro representaba todos los obstáculos que ellos como pareja tuvieron que enfrentar. Me encanto su explicación. Estuve en la galería hablando con Renée alrededor de una hora. Compré 4 cuadritos, pero me quedé con ganas de más.

         Por fin llegó la hora de montarnos en la guagua. A las 6 partimos a Trinidad. Recuerdo que en el camino iba pensando en lo libre y afortunada que me sentía. También pensé que Cuba me había fascinado y que tenía que regresar muy pronto, si era posible regresaría en unos meses, en Semana Santa. Cuba se estaba metiendo lentamente en mi corazón. Dormí casi todo el camino hasta Trinidad.

Continuara…..


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