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Una Mexicana en Cuba | Amor en los 90´s

de Daniela Olivera Salgado

Amor en los 90’s

         No podía creer que había podido localizar a Ifraín. Pensé que sería imposible localizarlo desde México. Al otro día fui a trabajar y no podía borrar la sonrisa que me provocaba el saber que estaríamos en contacto. Saliendo de trabajar intenté llamarlo desde mi celular, pero las llamadas de larga distancia estaban bloqueadas (a Dios gracias). Llegué a mi casa y lo llamé desde ahí. Me contestó y se escuchaba tremendo alboroto, música, tambores y gritos. Me dijo que estaba en un funeral que no podía hablar, que le llamara más tarde y me colgó. Me quedé pasmada. Pensé que tal vez se había sentido acechado por mí, ya que le había llamado una noche antes.

         Llevaba una semana en México y me sentía un poco deprimida; tenía depresión post-Cuba. Tanta fiesta y buenos ratos en Cuba me habían dejado malacostumbrada. Sentía la necesidad de salir y buscar fiesta. Llamé a mis amigas Erika y Cristina y salimos un rato. Regresando a mi casa hablé con Ifraín. La llamada fue rápida. Me dijo que se había muerto la mamá de una amiga y que no podía atenderme porque estaba conversando con unas amistades. Comprendí que me tenía que tomar las cosas con calma y dejar pasar unos días antes de volver a llamarle.

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Unos días después, hablando por teléfono con Ifraín, me dijo:

— Te tengo una buena noticia.

— ¿Ah sí? ¿Qué?

— Ya saqué mi cuenta de correo.

— ¿En serio? ¡Wow! ¡Qué emoción!

— Sí, anótalo. Es ifra@nauta.cu. Pero te tengo una mala noticia también, tuve dinero para sacar el correo, pero no he tenido para hacer la recarga del teléfono, así que no lo puedo usar todavía. En unos días que me paguen le pongo dinero al teléfono y ya podemos escribirnos.

— Ok, está bien, lo importante es que ya tienes el correo.

— Sí, me metí toda la mañana en ETECSA haciendo la fila.

       Mientras esto sucedía y el tiempo pasaba, yo maquinaba en mi mente el siguiente viaje a Cuba. Tenía que volver en marzo, pero no podía ir sola, necesitaba una compañera de viaje. Empecé a convencer a mi amiga Cristina de ir conmigo. No sé cómo pasó, pero ¡en dos semanas teníamos nuestro boleto a Cuba!

       Recuerdo el día en que se resolvió todo. Yo estaba trabajando y cuando estaba por salir del trabajo recibí un mensaje de la hermana de Cris diciéndome que nos iríamos a Cuba. Cris había conseguido el dinero para el viaje, y su hermana nos prestaría su tarjeta de crédito para comprar los boletos. Enseguida me comuniqué con la aerolínea y casualmente ese día tenían promociones muy buenas. Llegué a mi casa y le marqué a Ifraín.

— Hola, ya sé que estás trabajando y no te quiero interrumpir. Sólo llamo rápido para hacerte una pregunta. Estoy a punto de comprar mi boleto de avión para ir a verte en marzo. ¿Estás seguro de que quieres que vaya?

— ¿Por qué me preguntas eso? ¡Claro que quiero que vengas!

— Jajaja es que no sé, a lo mejor piensas que soy una mexicana loca y no tienes ganas de que vaya, jajajaja.

— Sí estás un poco loca, pero quiero que vengas.

— Ok, entonces voy a comprar mi boleto. Y tú pide vacaciones para esos días.

— Sí, voy a hablar con mi jefa.

       Por la tarde, fui a casa de Cristina y compramos los boletos. Era un hecho, volvería a Cuba, y volvería a ver a Ifraín. Ese día en la noche Ifraín me escribió desde el correo de un amigo, diciéndome que estaba feliz porque yo ya tenía mi boleto. Al otro día, recibí el primer correo desde su cuenta.

        Los siguientes dos meses transcurrieron rápido. Aunque estábamos lejos Ifraín y yo empezamos a conocernos. Hablábamos de dos a tres veces a la semana. La verdad yo gasté más dinero del que me gustaría aceptar en esas llamadas. Los días que no hablábamos nos escribíamos; todos los días teníamos algo de comunicación entre nosotros. Era como amor de los 90’s, por teléfono y correos electrónicos. Supe que él trabajaba en un hotel de martes a viernes. Entraba a trabajar a las tres de la tarde, pero una hora antes tomaba la guagua que lo transportaba de Trinidad a Playa Ancón, al Hotel Brisas Trinidad del Mar. Llegaba a su casa a las 12:30 a.m., que era generalmente a la hora que yo le llamaba. Los sábados descansaba, pero en la noche trabajaba en «la escalinata». A veces tenía que ir los domingos al hotel a “hacer el bailable con los clientes”. En ocasiones tenía que hacer el recibimiento a la hora en que llegaban los clientes al hotel. También tenía que abrir las puertas del restaurante a la hora del buffet. «De todos los turistas, los que peor me caen son los chinos», me dijo un día Ifraín. No le gustaba los chinos porque no les entendía nada, olían mal y siempre querían tirarse fotos con él.

        Cuando hablábamos por teléfono, Ifraín y yo también hacíamos planes. Planeábamos lo que íbamos a hacer cuando yo fuera a Cuba. Me dijo que iríamos a Camagüey a conocer a su familia.

— Oye, ayer hablé con mi mamá. Ya le dije que voy a llevarte a Camagüey, que vamos a hacer una fiesta en la casa. Está loca por que lleguemos y quiere llevarte a las tiendas y a conocer todo Camagüey.

— ¡Qué pena conocer a tu mamá! Jajajajaja. ¿Cómo se llama? ¿Cuántos años tiene?

— Se llama Misleydi. Creo que tiene 43 ó 44, por ahí.

— ¿Qué? Está súper joven. — pensé en que casi éramos de la misma edad, me llevaba por un poco más de diez años, esa señora me mataría al verme con su bebé.

— Sí, es joven y muy bonita además ¡Tiene un culón! Cuando salimos juntos la gente piensa que es mi hermana y todos quieren empatarse con ella.

— ¿Y tienes hermanos?

— Sí, dos.

— ¿Cómo se llaman?

— Reinier y Yolesmay.

— ¿Qué? ¿Cómo?

— Reinier y Yolesmay.

— Ahhh ok.

— Cuando vengas vamos a empatar a tu amiga con uno de mis hermanos.

— Jajajajaja ok.

— Y en la casa también vive mi padrastro, Ronni. Ya todo mundo sabe que vas a venir, ya les dije a todos que voy a ir a Camagüey con mi novia.

— ¿Vas a ir a Camagüey con tu novia? ¿Quién es tu novia? ¿No que no tenías?

— Oye tú eres mi novia, ¿quién más?

— Ahhhh, ¿soy tu novia? No lo sabía, que bueno que me avisas. Yo no sabía porque no me lo has pedido.

— ¿Tengo que pedirte que seas mi novia?

— ¡Claro! Aquí en México después de que sales con alguien unas cuantas veces y todo va bien, el hombre le pide a la mujer que sea su novia.

Ahhhh, aquí no. Aquí si tú y la jevita (novia) ya se besaron y ya singaron (tener relaciones), entonces ya son novios. Y tú y yo ya, así que ya somos novios.

— No, no somos novios. Tienes que preguntarme.

— Bueno… ¿Quieres ser mi novia?

— ¿Tú que crees?

— Bueno, yo no sé.

— ¡Sí, sí quiero ser tu novia!

— Jajajaja entonces ya, somos novios.

— Ok.

        En otra de nuestras llamadas Ifraín me dio un buen susto.

— Oye si tú puedes quiero que me traigas tres cosas cuando vengas.

Por un momento pensé que me pediría un teléfono celular, un iPad y una computadora. Me asusté muchísimo (jajajajaja).

— Sí, si puedo con mucho gusto.

— Número uno, quiero que tomes un vídeo de tu ciudad con tu móvil, para que me lo enseñes. Número dos, un frasco de Nutella. Y número tres, muchos dulces. Quiero probar los dulces de México.

— Jajajajajaja, ok. — pensé que era la petición más tierna y dulce que me podía hacer.

         Una vez más Ifraín me volvió a sorprender, pero aquella ocasión fue por medio de un correo. Me había dicho que en Camagüey nos hospedaríamos en casa de un amigo suyo que tenía un hostal. Siempre me decía que el hostal estaba «súper que buenísimo». Un día en un correo me pasó el teléfono de Florencio, el dueño del hostal. Me dijo que lo llamara para ponerme de acuerdo con él y que viera que no había gato encerrado. Cuando le platiqué a mi amiga Kate sobre esto me dijo, “Dani, creo que encontraste a un hombre bueno, a un cubano muy decente”.

         Durante este tiempo yo seguí con mi plan de dieta y ejercicio y pude bajar 10 kilos más. Me sentía súper bien, bonita, guapa y lista para volver a ver al negrito. Todos los días repasaba en mi mente cada detalle de la noche en que nos conocimos. Me daba mucho coraje que no podía recordar muy bien toda nuestra conversación. Y lo peor de todo era que como yo la estaba pasando muy bien con Ifraín ni siquiera pensaba en tomarme otra foto con él, y no lo hicimos. Así que tuve que estar esos meses mirando sólo una foto de él. No podía recordar su cara con exactitud. Lo único que recordaba perfectamente era su mirada y como se le despeinaban las cejas; yo las peinaba con mis dedos y le decía «Qué ojos tan hermosos tienes».

         Yo tenía muchos sentimientos encontrados. Por un lado estaba emocionada de empezar una nueva relación y era lindísimo tener la atención de Ifraín. Me hacía sentir importante el hecho de que, aunque representaba un sacrificio grande, él se esforzaba por mantenerse en comunicación conmigo como podía. Aunque no tenía mucho dinero, siempre procuraba recargar su teléfono para poder escribirme y siempre contestaba a mis llamadas, aunque estuviera trabajando. Por otro lado, también me sentía muy nerviosa y muy insegura. No era fácil mantener una relación a distancia y mucho menos con alguien que apenas conocía.

         Tenía mucho miedo de llegar a Cuba y darme cuenta que Ifraín en realidad era un estafador. Además, muchas personas allegadas a mí empezaron a cuestionar mi relación con Ifraín. Me decían que tuviera mucho cuidado, que no se puede confiar en los cubanos. Yo estaba llena de dudas y miedo, pero aun así, quería volver a verlo.

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         Algo más sucedió en estos meses. Mi relación con mi mamá empezó a cambiar. Antes nos llevábamos muy mal y no podíamos hablar de nada sin que todo terminará en una discusión entre nosotras. Sin embargo, se emocionaba cuando le platicaba de Ifraín. En una ocasión salimos juntas al cine y tuvimos una conservación muy importante para mí.

— Mamá la verdad le he tomado mucho cariño a Ifraín, me gusta mucho y me cae muy bien. Sé que tengo que conocerlo mejor y es por eso que voy a regresar a Cuba. Tengo mucho miedo de que esta relación prospere, ya sabes por todo lo que dicen de los cubanos. Además me da miedo pensar cómo recibiría la familia a Ifraín. Imagínate: es más chico que yo, cubano y negro. ¡Ya me imagino el escándalo!

— Mira te voy a decir algunas cosas. En primer lugar me gusta verte tan feliz, que le estás echando ganas, que te ves tan bonita y si el tal Ifraín es el motivo de todo esto entonces se lo agradezco. Ve a Cuba, conócelo y disfruta, si te sientes bien hablen para ver qué va a pasar entre ustedes, si no pues le dices que muchas gracias y te regresas como si nada. No te preocupes por lo que la gente diga, la única que te ayuda en esta familia soy yo.

         Aquí nadie te da de comer ni se preocupa por saber si estás bien o mal, sólo yo, y yo estoy de acuerdo, así que ya no te preocupes. Y por último que no te importe si es cubano o no. Hombres cabrones hay en todos lados. Nadie te garantiza que casarte con un mexicano, un gringo, un chino, un canadiense, o un argentino, o de dónde sea, sea la mejor decisión. Cuando son cabrones son cabrones, no importa donde hayan nacido. Sé feliz y disfruta de esta relación por el tiempo que dure.

         Esa conversación me dejó con la boca abierta, y la agradecí infinitamente. Me dio mucho valor para seguir con Ifraín y no estar tan ansiosa por lo que vendría en el futuro. Y así, entre cartas y llamadas pasaron dos meses y medio hasta que llegó el momento de partir, otra vez, hacia Cuba.


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1 comentario en “Una Mexicana en Cuba | Amor en los 90´s”

  1. Pero a ti y gustó Cuba o Efraín? Como que cuando estabas con un chico ni percibias la peste a la que varias veces te refieres.

    Es cierto que cabrones hay en todos lados y que no necesitas ir a Cuba para toparte con uno y no se si Efraín es uno de ellos pero tu te estas poniendo de pechito para el embarque. Ojala tu historia sea de las pocas excepciones de éxito, que las hay. En todos los años con Cuba vi cientos de parejas entre mexicanos y cubanos y pocas de ellas consolidadas. Cuidate.

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