C´est ma Vie, Cuba libre, Cultura y Arte

Una Mexicana en Cuba |Andar con turistas

de Daniela Olivera Salgado

Andar con turistas

         Nuestro beso fue interrumpido por Rosy, quien ya quería descansar y nos pidió que entráramos a firmar el libro. Si recuerdan, el libro es un registro que llevan los administradores o dueños de los hostales en donde queda por escrito la información de cada uno de los huéspedes. El libro tiene varias funciones: controlar de alguna manera el flujo y la estancia de los turistas en Cuba, controlar el pago de impuestos de los arrendadores basado en el número de huéspedes que tienen al mes, controlar el hospedaje de cubanos con extranjeros, por el asunto de la prostitución. ¡Control, control, control!

         Rosy anotó nuestros datos, el número de mi pasaporte y el número del carnet de Ifraín, nos dio las llaves de la casa y nos explicó cómo entrar. Estaba haciendo un viento tremendo y decidí cambiarme el vestido por unos pantalones y una blusa. Salimos de la casa para recoger a mi amiga y le expliqué a Ifraín lo que había sucedido en el viaje y porqué nos habíamos tardado tanto en llegar a Trinidad.

— ¿Tienes hambre? ¿Quieres ir a comer algo? — pregunté.

— No, comí en mi casa.

— ¿Qué comiste?

— Un pepino.

— ¿Un pepino?

— Sí

— ¿Y no tienes hambre?

— No.

— Ok

Llegamos a casa de Rogelio y Cristina salió vistiendo un vestido súper corto.

— Cris él es Ifraín. Ifraín, Cristina.

         En cuanto se saludaron pude ver que a Cristina se le salieron los ojos al ver a Ifraín. Cris era una buena amiga y me había demostrado su amistad en varias ocasiones. Siempre le estaré muy agradecida por algunas cosas que hizo por mí. Me ayudó mucho en un momento de mi vida en que yo estaba muy mal de salud y de ánimo. Sin embargo, algunas cosas que sucedieron mucho antes de viajar juntas a Cuba me hicieron ser siempre un poco desconfiada con ella. Por eso, no me gustó la reacción que tuvo cuando conoció a Ifraín.

         Caminamos un poco por las calles de Trinidad. Ifraín nos sugirió un par de lugares para ir a tomarnos una cerveza, pero yo quería regresar a la escalinata, regresar y estar ahí con él una vez más. Así lo hicimos. Era lunes en la noche, pero aún así la vida nocturna estaba muy animada. Nos sentamos en una de las mesas que se encuentran en la parte superior de la escalinata. ¡No lo podía creer! ¡Estaba otra vez ahí, con Ifraín! Estaba tan contenta que la conversación era lo de menos, no recuerdo mucho de qué hablábamos en ese momento. Sólo recuerdo vagamente que un conocido de Ifraín se nos acercó, se sentó con nosotros y mi novio le contó como a veces no nos entendíamos por teléfono. De hecho, me costaba un poco de trabajo entenderle en persona también.

         Mientras conversábamos con su amigo y mi amiga Ifraín y yo estuvimos todo el tiempo tomados de la mano. De pronto, él soltó mi mano súbitamente. Se quedó helado y volteó hacia otro lado nerviosamente, como tratando de aparentar que no me conocía. Yo miré a mi alrededor y vi que había llegado una comitiva de policías al lugar donde estábamos. Algunos de ellos tenían cámaras fotográficas y tomaban fotos de todo lo que podían. Unos minutos después se fueron e Ifraín volvió a tomar mi mano. De alguna manera entendí lo que había pasado, pero el negrito me lo explicó también.

— Mi amor discúlpame porque te solté la mano así y porque hice como si no te conociera. Es que los policías buscan a los cubanos que andan con turistas y nos pueden meter presos. En Cuba se cuida mucho al turista y hay un delito que es «asedio al turismo». Si nosotros andamos con yumas nos caen detrás y nos pueden meter una carta advertencia o, si se les pega la gana, meternos presos o deportarnos a nuestra provincia. Eso es por los jineteros y la prostitución que hay en Cuba. Estos comemierda vienen a las discotecas, toman fotos y después las revisan y saben quiénes somos. Si en las fotos aparecemos con yumas nos buscan en el trabajo para llevarnos a la estación de policía.

       ¡Control! ¡Control! ¡Control! ¿Qué más les puedo decir?

         Después de tomarnos unos tragos en la escalinata fuimos a la discoteca que está detrás, la misma en donde Luis y yo habíamos convivido con los bailarines y en donde Ifraín y yo nos conocimos. Compramos una botella de ron y nos la tomamos entre los cuatro. Bailamos, nos besamos, nos abrazamos, platicamos y nos divertimos como nunca.  Constantemente teníamos que hacer como si no nos conociéramos, o irnos a la parte de atrás de la discoteca para evitar tener problemas con la policía que hacía sus rondas por ahí. Ifraín y yo la estábamos pasando muy bien en un rinconcito de la discoteca cuando Cristina nos interrumpió para decirnos que estaba aburrida y qué estaba harta de que todo mundo anduviera tras de ella, ya se quería ir.

          Salimos de la discoteca y nos fuimos a la pizzería que estaba abierta 24 horas. Comimos y nos tomamos las últimas cervezas de la noche. Yo estaba borracha de felicidad, literalmente. No recuerdo bien de qué hablamos, ni cómo llegamos a la casa; esa parte está borrosa en mi mente. Lo único que recuerdo es que unas horas después desperté e Ifraín estaba a mi lado. ¡¡¡Ay Diooooossssss!!!!

         Nos levantamos un poco tarde y nos fuimos a la playa. Ahí estuvimos hasta las seis de la tarde. Nos tomamos varias cervezas y comimos bocaditos de jamón y queso, que era lo único que vendían de comida ahí. Cristina y yo le pusimos muchas canciones a Ifraín que él no conocía. La mayoría eran mexicanas. Yo le enseñé varías fotos en mi teléfono: de mi familia, de mi trabajo, de mis amigos, viajes, etc. Quería que conociera un poquito de mi vida. No hablamos mucho en la playa. De hecho, había momentos de silencios incómodos. Tal vez los dos nos sentíamos intimidados.

         Regresamos a Trinidad, descansamos un rato, nos bañamos y salimos otra vez en la noche. Cuando estábamos en la habitación le di a Ifraín una mochila llena de regalos: dulces, ropa, desodorantes, etc. Ifra (lo llamaré así también) estaba emocionadísimo con todas las cosas que le lleve. ¡Todo le gustó mucho! Esa misma noche estrenó playera o pullover, como les dicen en Cuba. Probó varios de los dulces, sus favoritos fueron los de cajeta y chocolate. Cuando vio que muchos de los dulces tenían chile me dijo «Ustedes están locos, ¿le dan esto a los niños?». Estaba impresionado con el hecho de que los niños mexicanos comieran dulces con chile, para él, eso era inconcebible.

Salimos a una discoteca llamada «El Rincón de la Salsa». Había muy poca gente cuando llegamos. Al entrar escuché una voz familiar:

— ¡México! ¡México!

Me detuve un momento para voltear a ver quién me llamaba. Era Yosiel, el muchacho que me había presentado al negrito.

— ¡Oye México, regresaste! ¡Algo te gusto por aquí!

— ¡Síííí, me encantó! Jajajaja. Gracias por presentármelo.

— Bueno nos vemos por ahí.

         Nos sentamos en una mesa y empezamos con las chelas. En Cuba se encuentran cervezas de diferentes nacionalidades, pero las locales son simplemente las mejores: Cristal y Bucanero. Poco a poco el lugar se fue llenando. Ifra saludaba casi a todo el que llegaba. Había un partido de baseball en la televisión. Jugaban dos equipos locales. La mayoría de los hombres estaba muy emocionada con el juego. Gritaban y vitoreaban, así como los mexicanos con el fútbol. Cuando terminó el partido empezó la música.

         Ifraín me pregunto que si estaba bien que él bailara con una de sus compañeras de trabajo. Le dije que sí. Se paró y fue a bailar con ella una o dos canciones. Yo lo veía embobada. ¡Bailaba padrísimo! Luego de un rato de estar sentados Cristina le pidió bailar con él. Ifra volteó a verme buscando mi aprobación. Asentí. Él tenía la intención de bailar a lado de la mesa, pero Cris insistió en ir a la pista de baile, que estaba un poco lejos y fuera de mi vista. En ese momento no dije nada pero la verdad la actitud de Cristina me molestó muchísimo. Era como si quisiera mantener a Ifra alejado de mí. ¿Qué le costaba quedarse a bailar ahí donde yo estaba? En fin, después de unos minutos, que parecieron horas, regresaron a la mesa. Ese día no nos emborrachamos, ni nos desvelamos mucho, teníamos que levantarnos temprano para irnos a Camagüey.


 

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