C´est ma Vie, Cuba libre

Una Mexicana en Cuba |Días Tristes

Por Daniela Olivera Salgado para Stay With Me

Días tristes

 

Llegué a casa de Mery y fui a buscar a Cristina. Toqué la puerta de su cuarto y salió enseguida. No pude decir nada, sólo la abracé y lloré y lloré y lloré. Nos bañamos y nos fuimos a las Playas del Este. Yo me sentía muy mal; sentía como si me hubiera arrollado un tren.

        Llegamos a la playa y nos instalamos en unos camastros bajo una sombrilla. Lo primero que hice fue tomarme una cerveza, y en seguida otra. Sentía un dolor inmenso y tenía que hacer algo para sentir menos. Teníamos dos minutos de haber llegado cuando Yole se dio cuenta de que había olvidado su cartera en la guagua que nos había llevado a la playa. Yo no sé qué les pasaba con las carteras que siempre las perdían. Como ya expliqué, perder la cartera no importa, el verdadero drama es perder el carnet, ya que puede tener consecuencias muy graves. Yole se puso como loco.

— Yole cálmate. Ese camión va y viene todo el tiempo, ahorita nos damos una vuelta allá afuera en la parada para ver si lo encontramos y te devuelvan tus cosas. — dijo Cristina.

— No chica, no. Tú no entiendes. Yo no puedo perder el carnet y mucho menos si estoy fuera de Camagüey. Si la policía me coge fuera de mi provincia y sin carnet…. ¡Ay mi madre!

        Yole estaba estresadísimo. Yo hacía como que ponía atención y me importaba su predicamento, pero la verdad yo no podía pensar en nada, sólo en los más de tres meses que pasarían antes de volver a ver a Ifraín. De pronto vimos a un par de policías recorrer la playa. Yole se espantó muchísimo. «Hombre solo con dos turistas, jinetero seguro», pensó. Se levantó del camastro y se fue a refugiar en una palapa que estaba en la entrada de la playa. Ahí esperó un rato mientras paró una guagua de las que llevan turistas a la playa. Le dijeron que sus cosas las tenía un chofer que pasaría por ahí a las 3 de la tarde. Yole se sintió mejor de saber que recuperaría sus cosas, pero no regresó a la playa hasta que tuvo su carnet en mano.

         Las horas que pasamos en la playa están borrosas en mi mente puesto que tomé demasiado ese día. Ni siquiera sé cuántas cervezas fueron. Sólo recuerdo que no paraba de llorar y Cristina y Yole intentaban consolarme.

        Llegamos por la tarde a casa de Mery. Me metí a bañar y me acosté a dormir. Cristina me despertó para salir a cenar. Otra vez no pude comer. Durante la cena conversé un poco con Mery.

— Mery sé honesta conmigo, ¿qué te pareció Ifra?

— Te voy a ser honesta, y tú sabes que soy una persona muy difícil, no todo el mundo es de mi agrado. El muchacho me cayó muy bien. Creo que es muy decente y no se ve maleado. Mira que por mi casa han pasado cientos de cubanos que vienen con turistas. Casi siempre son encajosos, aprovechados y mal educados, pero me pareció que Ifra no es así. Oye hasta salía del cuarto para fumar en el balcón, nadie lo hace. Ifra es buen chico, tuviste suerte.

— Sí tengo mucha suerte de haberlo conocido.

— Sí, pero él también porque tú eres una persona muy linda. Aquí también llegan turistas abusadores, que creen que pueden hacer lo que quieran con los cubanos, pero tú no eres así. Así que los dos deben sentirse afortunados.

A las 10:30 de la noche en punto llamé a Ifra.

— ¡Dime mi amor!

— ¡Hola mi amor! ¿Cómo te fue de viaje? ¿Llegaste bien a Trinidad?

— Sí mi amor, casi me deja la guagua botado en Santa Clara, pero llegué bien y ya estoy saliendo del trabajo……………. Oye ¿sigues ahí?…………….. Dani, mi amor…………….

— Aquí estoy — logré decir entre sollozos.

— Oye, ¿estás llorando otra vez?

— Sí

— No llores más mi amor, nos vamos a volver a ver muy pronto.

— Sí….. Qué bueno que llegaste bien mi amor, mañana en la noche te llamo, ahora no puedo hablar.

— Ok, te amo, espero tu llamada mañana.

— Yo también te amo.

Esa noche Cristina me dio media pastilla para dormir y caí noqueada. Al otro día Cristina me despertó.

— Amiga, me bajó inesperadamente y no traje toallas sanitarias.

— Jajajajajajaja ¡loca! Seguro se te adelantó por andar poniéndole tanto. Es que ni descansan….. Jajajajajaja.

— Jajajajajaja, si a lo mejor fue por eso. Oye acompáñame a la calle a buscar toallas, tampones o lo que sea.

— Ok

        Salimos de la casa alrededor de las 9:30 de la mañana. Recorrimos La Rampa entera, buscando de tienda en tienda. Creo que entramos a alrededor de 12 a 15 tiendas. En ninguna había toallas sanitarias, ni tampones. Como a las 12 del día finalmente regresamos a casa de Mery sin lo que habíamos salido a buscar. Matilde, la señora que hace el aseo en el hostal, nos dijo que buscáramos en los almacenes y farmacias de la calle Infanta. Volvimos a salir, esta vez acompañadas de Yole, quien siempre caminaba nervioso por las calles de la Habana, temeroso de la policía. Entramos como a 5 tiendas y en la última encontramos las toallas. ¡Medio día perdido buscando toallas sanitarias! ¿Pueden imaginarlo? Además, las toallas que encontramos eran de esas horribles, súper gruesas e incómodas que te ponen en los hospitales.

Pasamos el resto del día aburridos en casa de Mery. Ya no teníamos energías para hacer nada y yo seguía hundida en mi depresión. Quería con todas mis fuerzas que llegara el momento de regresar a México, para poder ver a mi mamá y abrazarla. Estábamos tan aburridos que hasta nos pusimos a jugar «Basta». Por la noche volví a llamar a Ifra.

— ¡Dime mi amor!

— Hola mi amor

— ¿Cómo estás? ¿Ya estás más tranquila?

— Sí mi amor, un poco más tranquila.

— Ah qué bueno. No llores más que nos vamos a volver a ver muy pronto y yo no me voy a ningún lado, aquí voy a estar esperándote.

— Ok mi amor. Te llamo mañana antes de subirme al avión. Te amo.

— Ok, yo también te amo.

Al otro día en la mañana fue el turno de la despedida de Cris y Yole. Cris lo llevó a la estación del Viazul y regresó hecha un mar de lágrimas.

— Amiga me enamoré de tu cuñado. Es súper lindo. No sé qué voy a hacer.

         Decidimos caminar un poco para despejar la mente y llegamos a la Iglesia de la Virgen del Carmen. Entramos y nos sentamos en una banca. Yo le di gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de haber pasado esos días maravillosos a lado de Ifra y le pedí que me permitiera volver a verlo si esa era su voluntad. Cristina y yo nos pusimos a llorar ahí dentro de la iglesia. La gente debió haber pensado que estábamos locas de remate.


 

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